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Una Metáfora del Crecimiento: el Niño Cuadrado


Uno de los mayores placeres que mantengo hasta el día de hoy, nacido en mi infancia, es la lectura. Entre las diversas referencias de esa época, incluidos los "monstruos", como Maurício de Sousa y Ana Maria Machado, clásicos de la literatura mundial simplificada, mi mayor referencia fue - y sigue siendo - Ziraldo. Entre los numerosos clásicos de este autor, conocido por crear Menino Maluquinho, O Bichinho da Maçã y Flicts, entre otros, mi libro favorito es Menino Quadradinho, que es quizás el libro menos infantil de su obra.


El libro, en definitiva, cuenta la historia de un niño que vive dentro de un cómic, rodeado de sus personajes, globos, colores y onomatopeyas, y que, una mañana, de repente se encuentra en un mundo totalmente diferente, sin colores, sin Imágenes: el mundo de las palabras.


Aunque cuando era más joven no podía sentir esto tan bien, tratando de concentrarme y entretenerme con los colores y referencias a mis héroes favoritos, cuando lo releí después de unos buenos años, comencé a darme cuenta de que, en realidad, era , una de las metáforas más claras, pero aún así dulce, sobre la vida, el tiempo y "crecer".


Entre las muchas reflexiones que se podrían hacer a partir de este trabajo, para mí la mayor se refiere a la perspectiva del “crecer”. En cierto modo, el paso del mundo exclusivamente del cómic al mundo de las palabras en blanco y negro puede verse como una alegoría del endurecimiento de la vida, del aumento de la seriedad y de la manera de ver la vida (pérdida de colores, cambio de amigos, entre otros cambios). Sin embargo, cuando releí la obra y el sentimiento que me transmitió sobre este tema fue muy diferente, y hace referencia a la libertad.


Todo aquel que sigue los cómics sabe lo cautivador que puede ser. La imagen de los personajes, sus colores vibrantes (o su falta de color, en el caso del manga), globos y tipografías coloridas… pero, en cierto modo, toda la expresividad y elementos visuales acaban limitando nuestra imaginación hacia esos personajes, hacia ese universo. Esto se puede ver en discusiones frecuentes en internet, sobre cómo podría o no ser un personaje, una caracterización, en una serie, película o cualquier medio. No es que los libros tampoco lo hagan, pero desde el momento en que no guían la imagen que los lectores tienen del personaje o del universo, los libros, o más apropiadamente, el mundo de las palabras, nos dejan el camino abierto para que nuestra imaginación fluye y podemos explorar, interpretar y darle un nuevo significado a ese contenido (en caso de duda, prueba a mirar las diferentes representaciones de Hermione).


Y ese es el gran valor que le veo a esta obra de Ziraldo. Nos muestra que el tiempo, el crecer, a pesar de sus contratiempos, desventajas y limitaciones impuestas, es lo que nos lleva a un nivel de madurez en el que podemos superar los límites de lo que se nos muestra, de lo que vemos; y entramos en un estado en el que tenemos total libertad para replantear, reimaginar e interactuar con el mundo y las cosas que nos suceden, a nuestra manera.


El libro infantil, más que cualquier otro tipo de obra, en mi perspectiva tiene, además del papel de entretener y fortalecer las relaciones entre padres e hijos, el papel de allanar el camino para que los niños afronten el paso del tiempo y la llegada de "crecer", de la mejor manera posible. Y debe seguir haciéndolo por el bien del futuro.


¡Feliz Día Internacional del Libro Infantil!


Escrito por Jin Hwa Olimpio

Traducido por Kwan Ja

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